Sustentación del Poder

¿Cómo se sostiene el Poder? Los dos recursos fundamentales son: la mentira y el miedo. Cada uno de ellos admite gradaciones y modalidades de puesta en práctica diversas, pero reducibles a esos dos.

La mentira consiste tanto en la forma habitual de entenderla, la más burda, como declaración de algo de lo que el propio Poder es consciente de su falsedad como verdadero, como, sobre todo, la de la proclamación de lo no conscientemente tenido por falso como verdadero, pues el ejercicio del Poder requiere de sus ocupantes la creencia tanto en la bondad del Poder mismo, otra cosa es lo que quiera decir bondad, como en los ideales, falsos, en los que se sustenta.

Si esto parece demasiado abstracto veámoslo en un caso concreto, pues el Poder es a la vez abstracto y concreto.Sea el Presidente de un modesto club de balonmano, por ejemplo, que declara no haber usado los fondos del club para pagarse unos billetes de avión a sabiendas de haberlo hecho. Aquí nos encontraríamos con un caso del primer tipo, que no por relativamente frecuente en algunos lugares y épocas es el principal.Pero si ese mismo Presidente cree que su misión es conseguir que su equipo gane el torneo anual, además o aparte de conseguir para la empresa textil de su propiedad la exclusiva de la fabricación y venta de camisetas y bufandas con los colores del club, entonces ya tenemos el necesario Ideal que servirá para justificar cuanto se haga en pos de su incierta consecución. No tendrá pues ningún motivo para no sobornar discretamente al árbitro de un partido decisivo o administrar sustancias prohibidas para aumentar el rendimiento deportivo de los jugadores que le han asegurado serán de muy difícil e improbable detección, pues el Ideal del triunfo le servirá de justificación. Ese Ideal, como cualquier otro, es propiamente falso, pues aunque se llegue a ganar el campeonato obviamente, y hasta con mayor motivo, el club seguirá y precisará la renovación del Ideal, ganar el del año próximo, o plantearse uno más difícil, como ganar el campeonato mundial, ya que sin Ideal, que es por definición siempre futuro y por ello inalcanzable, demostrándose así que el que se planteaba como tal no era más que a lo sumo un paso en el camino interminable hacia el verdadero Ideal inalcanzable que es el que no se puede declarar sin que se ponga en cuestión el Poder mismo al que sustenta, pues lo que de veras queda e importa es el aparato mismo de Poder, independientemente de la persona concreta que pueda servir para ponerle rostro circunstancialmente.

Quienes sirven al Poder encarnándolo, que no siendo ellos mismos el propio Poder, no dimiten habitualmente salvo fracaso clamoroso, y aún así muy a regañadientes y por el temor de ser desalojados de él de forma más dolorosa, o impedimento sobrevenido, como una grave enfermedad, para poder seguir manteniéndolo, y mucho menos si se puede presentar un triunfo aparente. E incluso en el caso de la dimisión personal el Poder mismo persiste con un nuevo rostro que pasa a encarnarlo de forma más o menos inmediata, lo que nos presenta bien a las claras que el Poder no es personal, sino abstracto e independiente de las personas concretas, de ahí la equivocación de quienes pretenden alzarse contra Él promoviendo la sustitución de los nombres propios que le prestan rostro. A lo más que puede llegarse es un ejercicio más aparentemente benévolo del mismo, que no podrá suponer ningún cuestionamiento del mismo, sino incluso al contrario, una garantía mayor de su pervivencia, pues el tirano sabe que tiene sus días contados, aunque lleguen a ser muchos, pero el monarca “amado por su pueblo” sabe que puede estar más tranquilo en su trono.

El segundo recurso esencial de sustentación del Poder, el miedo, es más evidente y sencillo de percibir, aunque a menudo no se le tiene en la adecuada consideración a la hora de entender procesos concretos.

Conviene apuntar desde el principio que también está sometido a gradación, y que no es lo mismo el terror que el temor, aunque el mecanismo sea el mismo y sus efectos también. El mecanismo del miedo se fundamente en el futuro, pues es la amenaza que se siente de que llegue a pasar algo la base del miedo. La realización de lo temido acaba con el miedo mismo, como resulta evidente, pues si, por ejemplo, temo ser despedido y llego a serlo, ya no tendré miedo a quedar en paro pues ya lo estoy, el miedo, tan abstracto como el Poder mismo, se renovará probablemente bajo nuevas formas, y así me preocuparé por la falta o disminución de ingresos o por cuando conseguiré otro trabajo, pero desde luego no ya por ser despedido. Así que el miedo se basa en el futuro, en un futuro que se verá como más o menos probable, cercano o intenso en sus efectos, siendo la probabilidad, cercanía e intensidad lo que sirve para la gradación del miedo.

Conviene señalar que la represión, entendida como la aplicación efectiva de lo temido, y parte por tanto de este segundo recurso del miedo, es el último que al Poder le interesa utilizar y que se emplea en condiciones de debilidad cierta o asumida como tal por el propio Poder o de ataque especialmente fuerte, pues supone el fracaso del primer recurso, la mentira, que es el más efectivo, ya que poner un guardia al lado de cada persona es menos eficiente que contar con el asentimiento de cada cual. La represión sin miedo sería inútil, aunque puede llegar a serlo sangrientamente, pues si el pueblo, como lo opuesto al Poder, pierde el miedo resulta imparable salvo que el recurso de la mentira, como suele suceder, haga que el Poder se perpetúe con los cambios mínimos para que lo fundamental permanezca. En los pronunciamientos populares contra los gobiernos se ve de continuo esto: la hartura del gobierno de turno lleva a la gente a pronunciarse cada vez más decididamente contra él, con una pérdida del miedo generalizada por mucha represión que sufra, hasta que la encarnación del Poder pasa a una nueva facción que reemplaza a la anterior con la promesa, mentirosa por futura, de un mañana mejor, que como cualquiera sabe ese día de mañana es el que nunca llega pero sirve para la justificación de las penurias de hoy.

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